Asceta en la jungla de asfalto
Y como buen asceta me pongo a meditar sobre muchas cosas que pasan por mi cabeza, si es que a eso se le puede llamar meditar: la tesis atrasada, los dos meses de renta que no he pagado, la situación de mi familia o la del país, etc. Ultimamente, después del año y medio de terapia psicológica que me he aventado, también me pongo a identificar de mi retahila de pensamientos cuáles corresponden a mis traumas y conflictos no resueltos; esos pensamientos se vuelven material para trabajar en la siguiente sesión. De vez en cuando, cuando veo que mi recamara ya está hecha un asco, me pongo a asearla y a ordenar todas mis cosas.
También me pongo a escuchar música que me tranquilice o que me ponga en estado de trance. Escucho post rock, folk o soundtracks de películas. A veces me pongo en un modo de nada de letras, sólo sonidos de instrumentos.
Luego me gana el sentimiento de soledad y tengo ganas de hablarle a alguién, a quien sea, pero no se me ocurre a quien. Me dan ganas de tomar el teléfono y hablarle a mis amigos del tec de Orizaba que andan por aquí o a los de la maestría, o a los que he conocido por este blog o por el twitter, pero no lo hago. Presiento que van a estar ocupados en otro compromiso y que no tendrán tiempo para atenderme. Por eso mejor me quedo con las ganas y no les llamo. Tal vez ésto no sea sano: puede que me guste mucho la soledad, pero también puede que tenga miedo de entablar relaciones más estrechas.
A veces esta sensación de soledad hace más agradables experiencias que para la mayoría serían trivialidades. Una vez tomé mi bicicleta y me fuí desde mi casa hasta Coyoacán. Fuí a visitar la Casa Azul y luego dí un paseo por el centro. Me comí unas quecas en el mercado y fuí de regreso a mi casa. Considero que esto es una simpleza para muchos, pero para mí fué una sensación liberadora salir de mi claustro: ver otros muros que no fueran los de mi cuarto, ver gente en las calles, sobretodo ver gente, escuchar sus voces.
Este mes iré de vacaciones a mi tierra sólo por una semana, y parece que estaré de asceta urbano durante el resto de él. Espero estar preparado para varios días de encierro conmigo mismo, en mi pequeño monasterio enclavado en la montaña.

