4.7.09

Asceta en la jungla de asfalto

En fines de semana como éste, cuando casi no salgo, no tengo compromisos y me quedo enfrente de la compu como ahora, o leo un libro, o veo una película, me siento como un asceta, un asceta urbano. Esta sensación se afirma mucho más con el hecho de que mis roomies se van durante los fines a sus casas y me quedo solo. De repente el depa se convierte en mi claustro, mi monasterio enclavado en una montaña perdida en una cordillera; y si a eso le agregan que está en planta alta, peor tantito.
Y como buen asceta me pongo a meditar sobre muchas cosas que pasan por mi cabeza, si es que a eso se le puede llamar meditar: la tesis atrasada, los dos meses de renta que no he pagado, la situación de mi familia o la del país, etc. Ultimamente, después del año y medio de terapia psicológica que me he aventado, también me pongo a identificar de mi retahila de pensamientos cuáles corresponden a mis traumas y conflictos no resueltos; esos pensamientos se vuelven material para trabajar en la siguiente sesión. De vez en cuando, cuando veo que mi recamara ya está hecha un asco, me pongo a asearla y a ordenar todas mis cosas.
También me pongo a escuchar música que me tranquilice o que me ponga en estado de trance. Escucho post rock, folk o soundtracks de películas. A veces me pongo en un modo de nada de letras, sólo sonidos de instrumentos.
Luego me gana el sentimiento de soledad y tengo ganas de hablarle a alguién, a quien sea, pero no se me ocurre a quien. Me dan ganas de tomar el teléfono y hablarle a mis amigos del tec de Orizaba que andan por aquí o a los de la maestría, o a los que he conocido por este blog o por el twitter, pero no lo hago. Presiento que van a estar ocupados en otro compromiso y que no tendrán tiempo para atenderme. Por eso mejor me quedo con las ganas y no les llamo. Tal vez ésto no sea sano: puede que me guste mucho la soledad, pero también puede que tenga miedo de entablar relaciones más estrechas.
A veces esta sensación de soledad hace más agradables experiencias que para la mayoría serían trivialidades. Una vez tomé mi bicicleta y me fuí desde mi casa hasta Coyoacán. Fuí a visitar la Casa Azul y luego dí un paseo por el centro. Me comí unas quecas en el mercado y fuí de regreso a mi casa. Considero que esto es una simpleza para muchos, pero para mí fué una sensación liberadora salir de mi claustro: ver otros muros que no fueran los de mi cuarto, ver gente en las calles, sobretodo ver gente, escuchar sus voces.
Este mes iré de vacaciones a mi tierra sólo por una semana, y parece que estaré de asceta urbano durante el resto de él. Espero estar preparado para varios días de encierro conmigo mismo, en mi pequeño monasterio enclavado en la montaña.

29.6.09

La cuenta

Desde hace unas semanas me he estado sintiendo mareado por las tardes, desde las 6, hasta las 9 de la noche. Me levanto de donde esté sentado o voy caminando y siento que las energías se me van momentaneamente; que se mueve el piso, así como hubiera un temblor; que los ojos se me van, como si me fuera a desmayar. El lúnes de la semana pasada fuí al médico y le conté mi problema, y me mando a hacerme exámenes de la vista, de la sangre, a tomarme la presión por una semana, hasta a checarme por si no tenía parásitos. Además me dijó que estaba muy obeso, que tenía que cuidar mucho más mi alimentación.
El miércoles pasado fuí al exámen de la vista. Siempre he presumido que tengo los ojos en buen estado, pero el oftometrista me bajó de la nube en donde andaba y puso mis pies en la realidad. Además de diagnosticar que tenía astigmatismo me dió la graduación que tienen que tener los lentes que necesito.
- Los voy a usar para leer, ¿verdad?
- No hijo, son para que los tengas puestos todo el día.

Salí del exámen cabizbajo y algo triste, fué como un golpe al orgullo... el orgullo de ser joven y tener los ojos sanos.
Luego vinieron los chequeos de mi presión sanguínea. El martes las enfermeras me dijeron que la tenía baja, el miércoles me dijeron que andaba normal. El jueves no hubo problemas, el viernes tenía la presión alta. El sábado ya no supe, el domingo estaba normal, y hace rato, andaba alta. La enfermera me miró a los ojos y me dijó: - El cuerpo es sabio, cuando tienes algo reacciona. Cuidate mucho, tranquilizate, has de estar estresado por algo.
Y así es, he estado estresado por lo de un artículo que estaba redactando; por lo de la tesis, en la que voy atrasado; en lo del dinero, el cual me sigue faltando para vivir como me había acostumbrado a vivir y para liquidar mis deudas, sobretodo para liquidar mis deudas.
Y de repente me acordé de lo que un ex compañero de la carrera dijo alguna de esas veces que nos reunimos: - Ya nos estamos volviendo viejos. Y no tiene nada de malo envejecer, solo que, uno que ha vivido la mayor parte de su vida siendo joven y sin problemas de este tipo, siente incómodo ante la idea de que no se es joven para siempre. Puede que estos mareos sean temporales, puede que el miércoles que viene, el día de la siguiente consulta, el doctor me recete alguna pastilla o menjurje que me devuelva a esa falsa ilusión de la juventud eterna; pero el paso del tiempo seguirá implacable, devorando mi cuerpo, arrugando mi piel. La Vida me ha cargado a mi cuenta experiencias y recuerdos; pero me la irá cobrando con desgaste físico.

17.5.09

¿Algún día maduraré? No lo sé. ¿Algún día pareceré de mi edad? Tampoco lo sé. Pero, ¿qué sería parecer de mi edad? ¿Cómo se supone que me tengo que comportar? ¿Acaso de mi comportamiento se puede decir si soy un inmaduro?
Hace poco tiempo me angustiaba saberlo. Pero ahora siento que la madurez tiene mucho más que ver con un asunto de percepción e interpretación del mundo que con el comportamiento; la experiencia también cuenta, pero sólo sí tiene que ver con la percepción e interpretación.
Poco a poco me voy formando otra conclusión del mundo y dejo de sentirme angustiado por no aparentar mi edad.

4.5.09

De porque en cierta ocasión quize tener un cementerio

La mayoría de los que me conocen saben que suelo ser sencillo hasta pecar de humildad, pero así como varios de ellos, en ocasiones tengo deseos y pensamientos excéntricos. El otro día fuí al funeral de la mamá de un compañero de la escuela, y estando allí en el crematorio se me ocurrió que sería bonito tener un cementerio particular, en un terreno atrás de la casa. Y la razón no tiene que ver con vampirismo, espiritismo, satanismo o afición al metal gótico, nada de eso: es porque se me hacen lugares bastante tranquilos y, como comenté en el blog de un amigo mío, también son hermosos de cierta manera, aunque sean bastante melancólicos. ¿Qué si es muy caro? El precio no importa si se trata de satisfacer un gusto. ¿Miedo a los fantasmas? Hace tiempo les temía, pero ahora a los únicos que temo son a aquéllos que salen por el recuerdo de acciones que no hice o que no debería haber hecho.
No quisiera enterrar gente que muriera recientemente, me gustaría que en mi cementerio hubiera tumbas de personas que murieron hace tiempo:

José Agustín Ordoñez, nació el 24 de Mayo de 1832, murió el 19 de Junio de 1889; Sara Dorantes de Jiménez, nació en el 4 de Septiembre de 1821, murió el 15 de Abril de 1901.
Me gustaría exhumarlas de otros panteones y volverlos a enterrar en el mío. Traería las mismas lápidas y monumentos que hubieran arriba de sus sepulturas para colocarlas encima de su nuevo lugar de descanso. Ver fechas de tiempo atrás en una tumba estimula la imaginación:
Margarita Núñez de Fernández, nació el 4 de Mayo de 1842, murió el 10 de Junio de 1919. A los 16 se casó con Francisco Hernández Romero, y se fué a vivir con él a la ciudad de Cuernavaca. Tuvo 7 hijos, de los cuales 3 perecieron antes que ella, 2 de tuberculosis, el otro cayó de un andamio, durante la construcción del Edificio de Correos en la Cd. de México. Entre sus hijos, sobrinos y nietos, y en el barrio donde vivió, la conocieron como Mamá Mago. Fué conocida por su generosidad; ocasionalmente dió alojamiento a soldados zapatistas durante la revolución.
Y cuando me retirara, le daría mantenimiento: cortaría el pasto, limpiaría las tumbas, les pondría flores. Me gustaría tener un árbol enmedio del cementerio, para poder leer a su sombra, mientras estuviera sentado en un monumento. Un árbol y flores creciendo junto a las tumbas significa que la vida, al igual que la materia y la energía, cumple con esa ley que alguna vez descubrieron Lavoisier y otros científicos:
Nada se crea, nada se destruye, todo se transforma.
De la vida viene la muerte, de la muerte surge nueva vida, y así sucesivamente.

29.4.09

Teoría de la negligencia

Desde el jueves 23 de este mes los habitantes de este país hemos estado al pendiente de un brote de influenza que ocurrió en el Distrito Federal, el Edo. de México y San Luis Potosí y que gradualmente se ha extendido a otros estados. Esta epidemia ha ido más allá de nuestras fronteras y en este día, la OMS ha declarado que el estado de emergencia ante una pandemia ha pasado al nivel 5: la pandemia es inminente. Oficialmente han muerto 152 personas, los gobiernos federal y locales han tomado medidas para evitar el contagio de más habitantes, la prensa no cesa de informar de los últimos acontecimientos al respecto, algunos de ellos más trascendentes que otros. Entre la población está la sensación de pánico e incertidumbre ante esta situación, aunque tampoco faltan los chistes, la ironía y la sátira.
Además, han surgido diversas teorías y explicaciones de por qué nos esta azotando esta enfermedad. A la mayoría se les puede clasificar en teorías del apocalipsis ó de la conspiración; las del apocalipsis son aquellas que afirman que esta es la señal de que el fin de los tiempos se acerca y que se basan en que las profecías mayas o las de Nostradamus ya habían predicho todos estos acontecimientos; las de conspiración afirman que ésto es el plan de alguna organización, ya sea gubernamental o empresarial, para obtener beneficios monetarios o políticos, y algunas de ellas niegan que la epidemia exista, que todo es una farsa para favorecer los intereses de poder de un grupo o para desviar la atención de la ciudadanía. No se me hace raro que exista este tipo de opiniones acerca de la situación actual; en la cultura popular han abundado este tipo de ideas y la desconfianza en nuestras autoridades las nutre. Por otro lado, existe otro tipo de teoría que se puede elaborar en base de los rumores que estan circulando: la teoría de la negligencia.
Varios rumores dicen que esta epidemia no surgió de repente. Desde hace semanas los hospitales habían estado recibiendo pacientes con padecimientos parecidos al de la influenza. Hace poco, una tía nos comentó a mi familia y a mí que en el centro médico La Raza sucedió ésto, que ya habian detectado un aumento en pacientes con problemas respiratorios y que lo habían reportado a las autoridades, pero no se sabe si hubo respuesta. En un artículo de la revista Proceso de esta semana (el no. 1695) se mencionan rumores similares: que en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER) ya se había reportado un aumento en el caso de pacientes con gripe, a pesar de que la temporada habitual para este padecimiento ya había pasado (hay que mencionar que gripe e influenza son sinónimos, consulten esta entrada de la Wikipedia). Varios de estos pacientes fueron internados junto a otros que sufrían de enfermedades distintas, los cuales sufrieron un deterioro de su estado de salud y algunos murieron. Más adelante se dieron cuenta de que ésto no era resfriado común y se lo reportaron a las autoridades correspondientes. Una semana antes de que comenzara el boom de la influenza en la capital, en TV Azteca salió una nota de un brote de influenza en el estado de Oaxaca, en una comunidad de campesinos. Hasta el momento no se si en la tele o en otros medios le dieron seguimiento a estos casos. El Universal y otros periódicos reportaron que el gobierno de Canadá había detectado el caso de una persona con influenza, la cual había estado previamente en México, y que ellos fueron quienes le avisaron al gobierno mexicano.
De todos estos rumores se puede armar otra explicación más de la situación. Esta epidemia no surgió de la noche a la mañana; desde hace semanas comenzaron a darse casos de esta enfermedad, solamente que por falta de conocimiento y de precaución fueron ignorados. Cuando en los hospitales se dieron cuenta de que el número de pacientes con este mal respiratorio aumentaba, lo reportaron a las autoridades correspondientes, pero debido a la falta de responsabilidad o la desorganización típicas de las instituciones burocráticas de nuestro país, estos reportes fueron ignorados o dejados de lado. Cuando comenzaron a ocurrir varias muertes en la Ciudad de México, además de haber recibido el aviso del gobierno canadiense, fué que las autoridades se decidieron a actuar tomando medidas drásticas para disminuir el número de contagios. No soy el único que tiene esta opinión de que el gobierno pudo haber hecho más antes de que se desatara la epidemia, ya había escuchado esta idea en otras personas cercanas a mi.
Evidentemente ésta es una teoría como las otras, la cual puede ser cierta o no. Lo que si puedo asegurar es que ésta es congruente con la forma irresponsable en que los gobiernos federal y locales han enfrentado otros problemas recientemente, como la crisis económica o el aumento de las actividades delictivas de los cárteles de narcotraficantes. Tal vez se pudieron haber evitado muchas contagios, haber tratado oportunamente a muchos de los pacientes que murieron o no se hubieran tomado medidas tan drásticas para evitar la propagación del virus, pero debido a la negligencia de las autoridades, la cual es bastante común en ellas, no fue así. Ahora nos queda mantener la calma y tomar las precauciones indicadas.